Tienes 0 artículos en tu carrito

No tiene artículos en su carrito de compras.

Subtotal: € 0,00

Sin refugiados no hay cocina (al menos griega)

Sin refugiados no hay cocina (al menos griega)

La cocina, como el resto de las actividades humanas, se ve afectada por dos factores cruciales, a saber, el lugar y el tiempo. De esta manera la geografía de los sabores cambia a lo largo de la historia manteniendo, aunque cada vez menos, su carácter local. Por muy raro que os parezca, la cocina griega no es una excepción, pues, a parte de su historicidad, es el componente de varias cocinas locales. De esta manera, es mucho más sensato hablar de cocina local que de nacional. Como si esta problemática intrínseca de la nacionalización culinaria no fuese suficiente, cuando hablamos de cocina griega hemos de tener en cuenta las dos corrientes que han dado como fruto el recetario actual del país heleno. Según Christos Zouraris (un crítico de gastronomía griego), como tales corrientes se conoce la de la vieja Grecia y la oriental.

La confluencia de estas dos cocinas ocurrió relativamente cerca en el tiempo, hacia los años 20 del siglo XX. Los griegos de Asia Menor el año 1922 se ven obligados a dejar sus casas y huir hacia Grecia. Razón de esto fue el genocidio impulsado por Mustafa Kemal Atatürk que, aparte de los armenios, afligió también a los griegos ciudadanos de las zonas afectadas. Lo que se llevaron consigo estos griegos orientales fue una cultura gastronómica moldeada por la convivencia multicultural de sus lugares de procedencia. Una cocina oriental sumergida en aromas, especias y sabores intensos. Una cocina bastante diferente a la de la vieja Grecia obsesionada por los sabores y platos simples y sin mucha elaboración. Al llegar a las islas del Egeo, se habrían quedado sorprendidos del mimo con el que los cretenses trataban la materia prima sin recurrir a guisos complejos y purés (para no hablar de la estigmatizada carne picada).

La dialéctica entre este sensacionalismo oriental y la nitidez nativa han dado como resultado la cocina griega actual. Un recetario que goza de un abanico de sabores desde la simpleza del Dakos hasta la ardua elaboración del Mousaka. Aunque el proceso ha sido favorecido por el tríptico dominante de aceite-trigo-vino, que era idéntico en las dos culturas, la integración de la población que acababa de llegar no fue fácil. Gran ejemplo de la enemistad que despertaron los refugiados recién llegados, son los nombres de los platos que trajeron con ellos. Pues, en vez de dar nombres griegos, los de la vieja Grecia los menospreciaban llamándolos con su nombre en turco para destacar la otredad de los sabores y de la cultura que los había traído. Afortunadamente, con el tiempo este ejemplo de rechazo gastronómico (y no sólo) se ha borrado dejando como legado una plétora de platos cuyo nombre sigue en turco, demostración de una (o muchas) cocina maravillosa marcada por la piedra angular del progreso, la diversidad cultural.

 

La fotografía de refugiados griegos que llegan a Tesalónica (1923) no pude sacarla yo, la he tomado de la página web http://insideoutborders.com/2015/05/18/in-the-memory-of-the-refugees-are-scents-of-smyrna/

Un pensamiento en “Sin refugiados no hay cocina (al menos griega)”

  • conchita

    la cocina que evoluciona como símbolo de la convivencia, de respeto y de intercambio de culturas.
    Un tema apropiado para reflexionar en europa hoy.

    Responder
Deja un comentario
Solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web, en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies. Más info
x