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La resina que no sólo se Mastija

La resina que no sólo se Mastija

Esta entrada (y alguna más caerá seguramente) trata de un producto que a mi parecer es único, me refiero a la Mastija de la isla de Quíos. Es uno de estos productos que entran dentro de la categoría “¿Cómo y, sobre todo, porqué han llegado a consumir esta cosa?”. Pues, no es nada más y nada menos que la resina de la variedad del lentisco autóctona (Pistachia lentiscus var. Chia) en la parte sur de la isla de Quíos (si, está en Grecia). La Mastija de Quíos, no obstante, es un producto único que goza del título de la Denominación de Origen Protegida desde el año 1997.

El mapa de Grecia con la isla de Quíos indicada con el color rojo. El mapa de Grecia con la isla de Quíos indicada con el color rojo.

Al margen de las razones por las cuales los griegos se pusieron a probar las resinas de los árboles, la mastija de Quíos se consume desde la Antigüedad debido a su sabor característico y sus propiedades beneficiosas para la higiene bucal (tal y como nos dice Herodoto). Hecho que refuerza y confirma la postura sobre la existencia de relaciones sociales antes de la invención de la pasta de dientes…

La mastija se puede mascar en su forma natural como lágrima o bien como ingrediente dentro de un chicle convencional. Al masticar la mastija, la lágrima original pasa de un estado semitransparente y sólido a adquirir un color blanco y textura de un chicle convencional, mientras que el sabor, un pelín amargo al principio, rápidamente da lugar a su sabor que le ha dado la fama. Siendo un aroma natural perdura mucho más que los artificiales. Pero su uso no se limitó a los consumidores grecoparlantes ni se utilizó sólo como goma de mascar.

Una vez superada la prueba de chupar la resina del lentisco, el resto fue una necesidad histórica. La mastija de Quíos, los últimos veinticinco siglos, ha tenido un amplio recorrido geográfico y una multitud de usos gracias a sus propiedades. Pues, desde el primer chicle natural en los alrededores del Mar Egeo, formó parte de la cocina y repostería árabe, se utilizó en cremas para romanas aristócratas y en las bebidas de burgueses urbanitas europeos.

Aparte de su función como chicle natural, actualmente, los usos más destacables de estas lágrimas son en cosmética y en repostería por su acción cicatrizante y su olor único respectivamente. Como no tengo mucha idea de cosmética os remito a los expertos para hacer jabón. En lo que se refiere a la repostería, combina muy bien con lácteos. Una receta probada por nuestra cuadrilla es la de natillas con mastija. La receta es la misma y lo único que varía es que el azúcar se tritura junto con la mastija (la mastija nunca se tritura sola, pues siente una atracción enorme hacia las cuchillas y se queda pegada). En general, hay que tener en cuenta, que si nos pasamos con la cantidad puede añadir un toque amargo. Así media cucharadita de lágrimas medianas de mastija da mucho juego, pero esto depende de los gustos.

Bibliografía (ninguna, esta entrada es producto de la escritura automática)

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